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El fútbol femenino no interesa

ACTUALIDAD
25/08/2020 | Andrea Menéndez Faya
Cada vez son más los comentarios despectivos, mentiras e insultos anónimos que acompañan a las noticias de fútbol femenino, más aún en época de competición, como esta Champions League. En Futboleras queremos dar un contexto y una argumentación para quienes quieran entender que el fútbol femenino es una realidad que poco tiene que ver con los prejuicios.
El fútbol femenino no interesa
Getty Images
De un tiempo a esta parte, las redes sociales se han llenado de replys insultantes a cada noticia, video o tweet sobre fútbol femenino. Es un movimiento reaccionario creciente y a la vez preocupante en el que se entremezclan estereotipos, mentiras, leyendas urbanas y la inseparable lacra del machismo y el fútbol. Los comentarios, desprecios e insultos aumentan cada vez que se juega un partido con un mínimo de expectación, y, lógicamente, en plenas semifinales de la Champions League, volvemos a volver a sufrirlo. Que esto suceda es relativamente normal por dos motivos: el primero, el crecimiento de la visibilidad del fútbol femenino en medios y afición y el segundo, la reacción contraria que provoca en una parte de los espectadores tradicionales.

El fútbol es un deporte de hombres, pero no solo eso, tradicionalmente es un deporte de hombres heterosexuales. Cualquier cosa que cuestione esos dos puntos le molesta a un pequeño porcentaje de ellos, que son siempre los que hacen más ruido. Son los que protestan si un futbolista se pinta las uñas y son los que protestan porque algunos consumamos fútbol femenino. No lo soportan, porque se cuestiona su hegemonía. 

En este artículo vamos a analizar los principales argumentos que utilizan este tipo de usuarios para dar un contexto y una explicación fáciles de entender a quienes quieran entenderlo. No se trata de discutir, imponer o quedar por encima de una preferencia visual, sino de ser capaces de comprender por qué el fútbol femenino está hoy en la posición en la que está y cómo ha llegado hasta aquí. Sin esa base, es imposible el diálogo. Sin entender el punto de partida, el contexto social, económico y deportivo del fútbol femenino, no se puede juzgar la situación actual. 

El fútbol femenino es aburrido


Comenzamos con un clásico: El fútbol femenino es aburrido. No tiene intensidad, no saben dar tres pases seguidos, no pueden controlar con el pecho, las porteras no saltan… este argumento suele ir acompañado de un video de hace diez años en el que una jugadora se cae al intentar un regate, a una portera se le escapa el balón o una centrocampista da un pase corto fuera de objetivo. Son momentos puntuales de partidos que pueden verse en cualquier categoría, que se deben a falta de concentración, al terreno de juego, o, sí, a una escasa preparación. Podemos encontrar imágenes de cualquier futbolista, hombre o mujer, fallando. Porque el deporte se compone de aciertos y errores, nada más sencillo que eso: para que un gol sea gol, tiene que fallar un portero o un defensa. Para que una parada sea parada, tiene que fallar el que dispara. 

Imagen del Athletic - Madrid CFF

El fútbol femenino ha cambiado radicalmente en los últimos cinco años. Esto se debe a la inversión en medios y profesionales. Fácil y sencillo: cuando un deportista está bien entrenado, rinde mejor que cuando lo entrena el primo del utillero del juvenil masculino, que era lo que pasaba hasta hace relativamente poco en el fútbol femenino español, y que sigue pasando hoy en día en muchos países, incluso en muchas de nuestras ligas regionales. El fútbol es mucho más que lo que sucede en el campo, de hecho en el rendimiento deportivo de las futbolistas influyen directamente factores como el descanso, el entrenamiento y la alimentación. Haber reducido al mínimo ese ruido de fondo es lo que ha provocado una mejoría directa y proporcional en el estilo de juego y en la capacidad competitiva.  No es comparable, de ningún modo, el fútbol femenino de 2020 con el de 2015, mucho menos con el de 2010. Y las noticias que se enlazan para atacar al fútbol femenino suelen ser de un lapso temporal entre 2012 y 2016, que es como hablar del fútbol masculino en términos de 1940-50. Esa es la realidad de la progresión futbolística de este deporte: ha crecido en cinco años lo que tardó medio siglo en crecer su homólogo. Y, aún así, sigue más de un siglo por detrás en inversión, promoción y medios, lo que hace difícil equilibrar la balanza por mucho que la situación haya mejorado. 

El fútbol femenino ha estado ninguneado durante décadas, prohibido en muchos países incluso: en Inglaterra estuvo prohibido de 1921 a 1971, en Brasil de 1941 a 1979, en Alemania hasta 1970. No es hasta la década de los 90 cuando el fútbol femenino, en algunos países como EEUU, empieza a tener medios suficientes como para entrenar adecuadamente y a competir con garantías. En España aún tardaría unos cuantos años más. 

Simplificar las carencias técnicas y tácticas del fútbol femenino, usando vídeos antiguos, o reduciendo todo a que son mujeres y son por ello malas, insulta al que hace el comentario y no a las futbolistas que salen en esos videos.Las consecuencias de la mala preparación de los entrenadores, preparadores físicos, etc, que han tenido nuestras futbolistas durante décadas no son solo estéticas o de rendimiento, la mayor lacra del fútbol femenino, la rotura de ligamento cruzado (que sufren ocho veces más de mujeres futbolistas que de hombres), también se debe a esos entrenamientos poco adecuados, con carga física excesiva o a la actividad en campos deficientes, incluso a la sobrecarga por compaginar la actividad laboral con la deportiva. Porque sí, está claro que el cuerpo del hombre y el de la mujer no es el mismo. Está claro que a partir de ciertas edades el hombre desarrolla una fuerza y potencia que la mujer no. Durante décadas se ha intentado reducir esta diferencia haciendo el mismo entrenamiento, lo que ha destrozado las articulaciones de muchas futbolistas, en vez de adaptar el juego a la capacidad física de las mujeres, que es lo que hemos conseguido ahora, obteniendo la consecuencia directa de un deporte más rápido, ágil, directo, e incluso más bello. La forma más rápida de avanzar el balón es un pase directo de 40 metros. Hay mujeres futbolistas que, a diferencia de la opinión general, no tienen problema en dar un pase de esas características. Que le pregunten a Mapi León, que, además, los pone en el milímetro de la bota exacto de su compañera que le apetece. Hay competiciones de fútbol femenino -Reto Iberdrola o Primera Nacional- en las que esa carencia física se soluciona con una carrera y una pared. Y es igualmente eficiente, más elaborado y, en definitiva, más bello. Solo se necesita a un entrenador capacitado en la banda que sepa leer las diferencias del juego o a un preparador físico que acondicione a las futbolistas según su capacidad. 

El entrenamiento debe ser específico. También lo debe de ser la táctica. También lo debe ser la alimentación. También lo debe ser la técnica. En la última década esta concepción del fútbol femenino ha ido evolucionando, y especialmente en los últimos cinco años hemos conseguido que las tres principales categorías de nuestro fútbol tengan profesionales que entienden este deporte y se dedican a la mejora del rendimiento de las futbolistas.También en la base, lo que ha nivelado la calidad del fútbol femenino y la del masculino hasta cadete. Por eso hay ligas mixtas en las que equipos femeninos ocupan los tres primeros puestos, incluso el primero, a lo largo del país. Y por eso las niñas llegan cada vez mejor preparadas a categorías nacionales, consiguiendo un fútbol más fluído, más atractivo y, en definitiva, menos aburrido. El concepto de aburrimiento, como el de gusto, son totalmente subjetivos. Pero lo objetivo es que el fútbol femenino ya no es el que era, y a un usuario sin identificar qie le haya parecido aburrido un Athletic-Levante que vio en 2014 le sorprendería, y mucho, ver uno en 2020. 

Celebración liga AEM femenino infantil


El fútbol femenino no genera dinero. 


No deja de tener su gracia que en un país como España, donde la Primera Iberdrola no está profesionalizada, precisamente, porque la RFEF quiere amarrar el dinero de las televisiones en 2023 a través del RD 15/2020 que sacaron durante el estado de alarma para restarle poder a los clubes y comercializar conjuntamente los derechos televisivos de la competición sin su beneplácito, nos digan que el fútbol femenino no da dinero. Pero para saber esto, hay que salir de la burbuja de ignorancia y conocer un poco el funcionamiento del fútbol femenino y los problemas de las peleas de patio de colegio de los organismos que lo gestionan en nuestro país. La Primera Iberdrola es actualmente la tercera competición en capacidad económica de España, por detrás de ACB y LaLiga. La inversión de patrocinadores, comunes y privados, y los derechos televisivos, han generado un crecimiento exponencial de la capacidad económica de los clubes, que ha derivado, entre otras cosas, en la consecución del primer Convenio Colectivo para las futbolistas profesionales. 

El fútbol femenino es un producto nuevo, rentable y con un gran potencial para las marcas. Visa, por ejemplo, realizó la misma inversión en el pasado Mundial de Francia que en la cita de Rusia del Mundial masculino. Cada vez son más las marcas que entran en el mercado deportivo de la mano del fútbol femenino. El Mundial lo puso sobre aviso: una cita que antes era un estorbo para los organizadores y por la que ha habido una pelea y puja en todo lo alto para su próxima celebración, que será en Australia y Nueva Zelanda, países que lo celebraron por todo lo alto. El motivo es, a parte de deportivo, económico: la cita mundialista de 2019 dejó para el país galo 284 millones de euros a su PIB, con una ganancia neta de 108 millones de euros-datos publicados por la Federación Francesa de Fútbol- y atrajo a 1,2 millones de espectadores franceses y extranjeros, además de los impresionantes datos de audiencia que produjo: más de un billón de espectadores en todo el mundo. El viejo cuento de que el fútbol femenino no genera dinero se está acabando.  

En 2015, los socios comerciales de FIFA se reunieron con la directiva del organismo para tratar la situación económica del fútbol mundial. El fútbol tradicional ha crecido tanto en los últimos 30 años que ha llegado a un punto de estancamiento donde los inversores ya no pueden rentabilizar tan exponencialmente como antes la partida económica que invierten en publicidad. Y eso es un problema. Así que llegaron a la conclusión de que el fútbol femenino era la solución a esa debacle económica a la que se estaban asomando:

El fútbol femenino es un producto barato, muy barato, para invertir en él. El patrocinio que en un equipo masculino cuesta cien millones de euros, en un equipo femenino puedes conseguirlo por cinco. El ejemplo más vistoso y conocido es el del FC Barcelona: mientras la publicidad de Rakuten en la camiseta del primer equipo masculino asciende a 55 millones de euros anuales más variables –entorno a 70 millones de euros en total si se cumplen los objetivos deportivos-, la misma publicidad de Stanley cuesta 3,5 millones. Con ese monto, el FC Barcelona Femení es la única sección rentable y autosuficiente de Can Barça. Por supuesto, y esto nadie lo duda, es un producto tan barato porque no tiene la repercusión mediática ni el número de seguidores que el masculino. Y para las marcas, asociar su nombre a un club histórico por un valor tan reducido es un impacto directo en imagen y rentabilidad. Los aficionados del fútbol femenino, al igual que las marcas, son plenamente conscientes de este punto, pero también de que este deporte, año a año, crece y cambia. Una inversión económica mesurada y rentable, pero prolongada y constante, puede equilibrar la balanza en 2067. Sí, FIFA sostiene que para que una niña y un niño crezcan en igualdad de inversión, calidad formativa y medios para convertirse en futbolistas, esa niña tiene que nacer en 2040. 
Esto no quiere decir, citando textualmente a FIFA, “que haya que poner cincuenta céntimos de cada dólar en el fútbol femenino obligatoriamente para que crezca”. Se trata de generar planes de viabilidad a nivel de fútbol base y a nivel de fútbol élite, acordes a la situación y el momento actuales, para que las jugadoras desarrollen su actividad de forma regulada y sostenible. Se trata de hacer un esfuerzo constante para que la brecha se vaya cerrando “en una proporción financiera justa para la participación femenina y su potencial”. 

Lo que nos lleva al siguiente punto:

Equal pay


Las futbolistas quieren cobrar lo mismo que los hombres. No. Es absolutamente ridículo repetir incesantemente algo que se desarma con una búsqueda rápida en hemeroteca. No hay que confundir las demandas económicas de la selección de EEUU con el convenio de fútbol femenino español. No hay que confundir las primas con los sueldos. Y no hay que confundir los derechos laborales y salariales con las ganancias a través de patrocinios y explotación de marca. 

La selección norteamericana pide cobrar lo mismo que su homóloga masculina en base a que generan más –sí, la USWNT sí que genera más que la selección estadounidense masculina: su camiseta del Mundial fue la más vendida de Nike por delante de la de Messi el año pasado, y atraen a un mayor número de aficionados a los estadios- y a que piden cobrar lo mismo por ganar un Mundial que ellos por caer en octavos. Sí, ellos cobran más por caer en octavos que ellas por sumar otro Mundial a su lista de trofeos (llevan cuatro), incluso generando muchísima más audiencia televisiva y presencial y a generar más ventas. Pero esto se confunde malintencionadamente con las demandas del convenio colectivo del fútbol femenino en nuestro país: "Quieren cobrar lo mismo que Messi y Neymar cuando a ellas no las ve nadie". 

Ni una sola jugadora de fútbol española ha pedido nunca, jamás, cobrar lo mismo que cobra un futbolista de Primera División o de la Liga SmartBank. De hecho, el sueldo mínimo según el convenio de fútbol profesional masculino -que LaLiga ya asumió en 2017 que era muchísimo superior actualmente-es de 6.500 euros mensuales. Lo que se ha pedido, luchado por firmar y firmado para las mujeres futbolistas en España son mil euros al mes, 16 mil anuales con un 75% de parcialidad. Nunca una futbolista ha pedido un sueldo de millones -aunque hay jugadoras en nuestra liga por encima de ese mínimo del Convenio, en proporción justa a su valor deportivo y a lo que su club recibe en patrocinios por tenerlas-, ni tampoco han exigido a las marcas un contrato publicitario de millones, aunque algunas ya los tienen, como Hegerberg. La Balón de Oro 2018 ha firmado por diez años con Nike a razón de 1,3 millones por temporada, una cifra similar a la de Sergio Ramos. ¿Pondría Nike a la misma altura a una futbolista que a uno de los mayores iconos publicitarios de su marca si no existiera un potencial y un impacto reales? La respuesta que recibimos al plantear este hecho es que las marcas lo hacen por discriminación positiva y ganar imagen. Las marcas, y eso lo sabe cualquiera que tenga conocimientos de publicidad y marketing, no regalan nada que no puedan retornar. 
El impacto publicitario de patrocinar a la mejor futbolista del mundo es mucho mayor que la inversión económica del patrocinio. No obstante, ¿saben quienes acusan a las marcas de patrocinar el fútbol femenino por imagen cómo empezaron las inversiones en el fútbol masculino? ¿saben de las pérdidas económicas, temporada a temporada, de los clubes? ¿saben de la delicada situación económica del fútbol español en la década de los 90 que se pudo salvar gracias a perder ingentes cantidades de dinero en inversiones de riesgo por parte de patrocinadores privados e incluso públicos? El fútbol, todo el fútbol, es una montaña rusa de inversiones, pérdidas, deudas y recuperaciones.  Haber conseguido que el fútbol femenino se sostenga económicamente con partidas presupuestarias reducinas y patrocinadores utilizando el sistema gota a gota es un logro épico. Algo en lo que se deberían mirar todos los deportes. 

Ada Hegerberg

Las futbolistas son plenamente conscientes de la realidad del fútbol femenino, de lo que generan y de lo que pueden pedir. Han luchado por conseguir unos derechos laborales, un marco que las proteja en caso de lesión, de embarazo, de despido. Han peleado fuertemente durante años porque se las reconozca como profesionales, por no tener que trabajar ocho horas al día para entrenar a las 9 de la noche casi sin luz y poder conseguir un día de descanso en su trabajo para ir a jugar en autobús a la otra punta de España, volviendo nada más salir de la ducha. 

En las normas reguladoras de Primera Iberdrola del curso pasado, los clubes tenían la obligación de dar de alta como profesionales a 12 jugadoras de la plantilla. Esas 12 jugadoras podían tener un contrato servicios, a media jornada, o a jornada completa. El resto de la escuadra podía estar sin ningún tipo de contrato. Cuando las jugadoras luchaban por la igualdad, se referían a ellas mismas y, en palabras de Alexia Putellas "darle al público facilidades para que nos puedan ver jugar". A que no importara que jugaras en el Atlético de Madrid, en el Sporting de Huelva, en el Rayo Vallecano o en el Athletic de Bilbao: que todas tuvieran los mismos derechos laborales, la misma protección, el mismo salario base, y una jornada laboral de 7 horas diarias. Porque las normas reguladoras tratan a la primera Iberdrola como profesional, aunque, como decíamos, no lo sea, porque la RFEF no quiere soltar el caramelo económico que supone. 


Cualquier equipo de segunda B las ganaría por goleada. 


En 2009, en la Copa del Rey, el Real Madrid visitaba el campo del Alcorcón, equipo de Segunda B. De allí se fueron con un 4-0 que puso en la rampa de salida a Pellegrini y sacó los colores a las estrellas blancas. En este torneo, la Copa del Rey, hemos visto siempre a equipos de Segunda o Segunda B capaces de plantar cara y hasta de humillar a equipos top mundiales. Y a nadie se le ha ocurrido decir nunca que esos equipos sean peores que un Segunda B. En el fútbol hay resultados dispares que se deben a malos partidos, a buenos del otro o simplemente a que no son partidos oficiales, como los sorprendentes resultados de pretemporada que a ningún aficionado le duelen porque sabe que son solo ensayos. El fútbol es eso. Pero cualquier derrota de un equipo femenino ante hombres es un arma, aunque sus equipos también pierdan a veces dejando boquiabierto al mundo. 

¿Dónde está el punto de comparar constantemente el fútbol femenino con categorías masculinas? ¿En que los hombres son más fuertes? ¿En que son más potentes? ¿En que están mejor entrenados? El fútbol mixto en España se desarrolla hasta segundo año de cadete, a partir de ahí el físico de los hombres hace peligroso que se mantenga la competición mezclada. Es una cuestión biológica. Si Íñigo Martínez le hace una entrada a la altura del tobillo a Aitana Bonmatí, el mínimo impacto podría generar una contusión, fractura o lesión. Son cuerpos totalmente distintos, con características físicas completamente diferentes, entre las que, por supuesto, destaca la musculatura y la resistencia. El desarrollo físico de los futbolistas profesionales que, además, están entrenados para ganar músculo y fuerza, hace que su juego sea totalmente distinto al de las mujeres, pero no por ello mejor. Importa la pelota e importa lo que haces con ella, por eso es absurdo comparar dos deportes en los que se hacen estrategias y tácticas distintas. Aun así, hay aspectos en los que el fútbol sigue siendo fútbol: si Ángela Sosa pone una falta en la escuadra a cualquier portero de Segunda B, este tampoco llegaría a atraparla. Las disciplinas se separan en masculina y femenina porque es inviable realizar una competición homogénea de forma segura y equilibrada, no porque los hombres sean mejores y las mujeres peores. Son distintos. 

Este repetitivo argumento suele acompañarse por el titular de la selección de EEUU perdiendo contra chavales de 15 años en un partido - exhibición benéfico en el que la segunda parte los componentes de ambos equipos se intercambiaron. Son titulares aislados, que muchas veces corresponden a entrenamientos de pretemporada o, como decíamos antes, de 2013, cuando el fútbol femenino no se parecía al actual. Prácticamente todos los equipos femeninos hacen partidos de entrenamiento contra juveniles de su propio club o de otros cercanos. Son partidos para generar resistencia, probar alineaciones y puestos, repetir transiciones, ensayar a balón parado… en definitiva: entrenamientos. El FC Barcelona goleó esta pretemporada a un equipo de primera juvenil catalana. Cada temporada, se suceden estos partidos, con resultados dispares. Por supuesto que en muchos, seguramente en la mayoría, ganen los juveniles. Pero no es indicativo de nada. Son solo entrenamientos. 

Este argumento también se suele acompañar con la bravuconería de: “si junto a diez amigos, le damos una paliza al mejor equipo que podáis formar de vuestra liga”. No. Ningún hombre, por el mero hecho de ser hombre, está más capacitado para humillar a un equipo profesional femenino. Ningún hombre, por el mero hecho de ser hombre, es capaz de robarle la pelota a Mariona, ganarle una carrera por la banda a Cardona, hacerle un caño a Irene Paredes y meterle un golazo a Patri Larqué
Ningún hombre, por el mero hecho de ser hombre y jugar en una liga de empresas a las diez de la noche dos partidos a la semana en un campo de fútbol 7 mal iluminado es mejor que una futbolista de Primera Iberdrola, ni siquiera de Reto Iberdrola, si me apuras, que unas chavalas de Primera Nacional. Se trata de entrenamiento, competición, medios y refuerzos. Basar el fútbol en la fuerza física natural es completamente ridículo. Cuando José María García realizó las declaraciones de que las futbolistas no llegan a portería desde el córner, las niñas de 14 y 15 años del Sporting de Gijón demostraron que se equivocaba. Si cualquiera de los que utiliza estos argumentos invirtiera una hora de su vida en ir a un campo de entrenamiento de fútbol femenino –ya no hablamos de un partido-, no volvería a prestarse a quedar en ridículo. 

Además, se olvidan de que la mayoría de las futbolistas han competido en categoría mixta. Han disfrutado del fútbol con compañeros de equipo y rivales, hombres. Se olvidan de que hay hombres a los que no les importa jugar con mujeres, que, de hecho, lo siguen haciendo. Las futbolistas, igual que ellos, también juegan pachangas con jugadores y exjugadores con los que han compartido vestuario o que, simplemente, son sus amigos. Esa teoría de que cualquier hombre humillaría a una mujer en una pachanga, solo es válida para los hombres que disfrutan humillando a mujeres en cualquier otro aspecto de la vida. El deporte no es humillación. El deporte tiene valores, y el más importante de ellos es el respeto. El que reta a una futbolista con la intención de humillarla y de demostrar que él, por ser hombre, va a ser mejor, aunque ella sea profesional, entrene cinco días por semana, compita en unos de los mejores clubs de Europa y en una de las Selecciones que mejor juega al fútbol del mundo, no está pensando en el deporte. Está pensando en la supremacía del hombre por encima de la mujer. Es un machista. Y eso poco tiene que ver con el fútbol. 

Y por último: es una moda pasajera.


El fútbol femenino no es una moda, es una realidad. Por mucho que moleste y estorbe a un pequeño porcentaje de los consumidores de fútbol tradicional, el fútbol femenino tiene una apuesta fuerte por parte de las marcas, que saben que pueden convertirlo en un producto económico sostenible y rentable. Tiene también una apuesta deportiva por parte de FIFA para potenciar su crecimiento y su asiento en el panorama deportivo. Y, sobre todo, ahora que las niñas están formadas en práctica igualdad de condiciones que los niños, tiene un futuro deportivo. Especialmente en nuestro país:

Las categorías inferiores de la Selección Española son campeonas de todo, y lo serán cuando lleguen a la edad adulta y estén en la Absoluta. En España no hay nada que nos guste más que ganar. Seguimos la Fórmula 1 porque Alonso ganaba. Seguimos las motos porque Lorenzo y Pedrosa ganaban. Seguimos el baloncesto porque teníamos la mejor selección. Seguimos hasta el bádminton y la natación porque dos mujeres nos hicieron campeones de todo. Y eso va a pasar con la Selección Española de F
Fútbol Femenino, y puede que pase incluso con algunos clubes españoles, que conforme avanzamos temporada a temporada tienen mejor horizonte en Europa.

El fútbol femenino no ha llegado para dividir, ha llegado para sumar. Son estos usuarios, cada vez más aislados, los que están dividiendo a la sociedad a base de mentir, insultar y atacar. Por eso es tan necesario desmontar sus argumentos y acercar a los equidistantes a la realidad del fútbol femenino español, al potencial económico y deportivo que supone nuestra competición. La Primera División de fútbol masculino española es la Liga de las Estrellas, la Mejor Liga del Mundo, la que más se ve en el panorama internacional, gracias a la inversión realizada cuando no era en absoluto rentable, que aumentó la capacidad de los clubes para atraer a estrellas internacionales y que dotó a una competición estancada deportivamente y en ruina de los medios personales y profesionales para estar a la cabeza del fútbol mundial. La femenina puede convertirse en esto también.
 
Para ello, lo primero, hay que hacerla profesional. Conseguir así, de una vez, romper el problema de los derechos televisivos y que se puedan ver todos los partidos. Por supuesto, los espectadores de fútbol femenino no vamos a obligar a nadie a verlos, igual que no se obliga a ver un Albacete - Numancia. Si tu consumo de fútbol se reduce a la Liga Santander, al Madrid, al Barça y alguna vez al Atleti o un derbi aislado, nadie te priva de seguir así. Pero nunca sabrás lo que es emocionarte con un ascenso, igual que no sabrás lo que es ver a tu Selección Española ganando a las mejores del mundo. Eso es deporte. Y eso es impagable. Pero está lejos de estereotipos y prejuicios. Nace de disfrutar, de creer y de pelear. Nace del espíritu incansable de unas deportistas que quieren llevar a España a lo más alto, y que lo van a hacer, porque pueden. 

Alexia Putellas en la She Believes Cup

Cada uno es libre de consumir el producto televisivo y deportivo que quiera. Pero es una pena que los prejuicios implantados no te dejen disfrutar de un deporte que no conoces. Lo único que los aficionados al fútbol femenino pedimos es que se deje de insultar, menospreciar, mentir y atacar a cada noticia de fútbol femenino, especialmente cuando estamos disfrutando con los éxitos deportivos de las nuestras. Respetamos el fútbol, lo amamos tanto como vosotros, por eso os pedimos que si no vais a sumar por propia voluntad, no restéis, pero, por vuestro bien, intentad estar informados. Intentad ver un partido, estas semifinales para ver que no es aburrido, o molestáos en leer las noticias completas para saber lo que piden y han conseguido las jugadoras. O, al menos, dejad de comparar constantemente a las mujeres y los hombres basándoos en vuestra superioridad física. Nosotros disfrutamos de esto sin orejeras. No necesitamos que nadie nos diga que esto va a morir, porque estamos viendo lo vivo que está. 

El fútbol femenino ya está cansado de defenderse y no atacar nunca. El asedio al que ha sido sometido durante décadas ya fue suficiente. Lo único que piden las futbolistas es respeto por su profesión. Si no podemos ofrecérselo, ¿qué nos queda?
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