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La vida después del fútbol

EL REPORTAJE
10/05/2020 | Andrea Menéndez Faya
El 30 de junio expira el contrato de muchas jugadoras que no saben si renovarán o encontrarán otro equipo. ¿Hay vida después del fútbol? Hablamos con cuatro protagonistas que siguen vinculadas a nuestro deporte después de colgar las botas.
La vida después del fútbol
In The Zone
La retirada no es un momento fácil, se produzca por lo que se produzca. La vida tiene ciclos, y el del deportista profesional siempre es demasiado corto para su gusto. El fútbol no podía ser menos. Ya sea por edad o por lesión, la vida deportiva de muchas futbolistas terminará el 30 de junio, con el plazo marcado para fin de temporada, una temporada interrumpida por el Covid-19 y en la que el fútbol femenino, al igual que todas las competiciones no profesionales de fútbol, ha sido suspendido por la RFEF. En estos últimos días hemos visto la despedida de dos porteras que nos han acompañado durante muchos años: Ainhoa Tirapu y Eli Sarasola. Serán las primeras de una lista de nombres que se sucederán en las próximas semanas y que nos llevarán a mirar con nostalgia antiguas alineaciones, fotos, estadísticas. Supimos, por ejemplo, que Ainhoa Tirapu se va con el récord histórico de temporadas consecutivas, diecisiete, en la máxima competición femenina. No es fácil que personas que han dedicado toda su vida al fútbol se desvinculen por completo de él. Siempre hay algo que te sigue atando, que te llama incesantemente a volver al campo o a no alejarte demasiado. En el fútbol tradicional estamos acostumbrados a ver a ex jugadores pasar a dirigir desde el banquillo, a ser embajadores de la competición o incluso a presidir equipos con el tiempo. Por suerte, en el fútbol femenino, cada vez son más las mujeres que dan este paso. Hoy conoceremos la vida de cuatro de ellas.

En Octubre de 2015 la Comisión de Reformas de la FIFA analizaba la importancia de aumentar la cuota de mujeres en puestos de dirección, creando reformas para el impulso y crecimiento del fútbol femenino mundial que permitieran no solo la profesionalización de este deporte, sino que mujeres vinculadas a él durante años accedieran a puestos de relevancia dentro de los clubes, federaciones y organismos que lo rigen. “Si las niñas no juegan al fútbol, la igualdad plena de la mujer en los puestos de liderazgo de los sectores técnicos, de administración y gobernabilidad no se materializará”. Gracias a estas reformas, en cinco años, el fútbol femenino se ha consagrado como un deporte en auge, las diferentes ligas han crecido en medios y calidad, y también hemos gozado de un aumento significativo de los aficionados. La previsión era que, a 2019, 45 millones de mujeres y niñas estuvieran activamente involucradas en el juego. El objetivo es que haya 60 millones de jugadoras en 2026. Los datos, a 2018, eran de 30 millones de mujeres y niñas federadas. Sin embargo, en FIFA (donde Fatma Samoura es secretaria general), la mayoría de mujeres ocupan un puesto intermedio. En cuanto a clubes, en España, Amaia Gorostiza (Eibar) y Victoria Pavón (Leganés), son la cara visible de las mujeres en la dirección de clubes tradicionales. En cuanto al fútbol femenino, Ana Rosell en el Tacón, Manuela Romero en el Sporting de Huelva, Lola Romero en el Atlético de Madrid y Dafne Treviño en el Alavés ponen nombre a una cuota escasa de Presidentas.

Las primeras piedras de un largo camino en el que la balanza entre hombres y mujeres se equilibre en los puestos de relevancia institucional o deportiva, se han puesto estos primeros años. Hoy en día, exjugadoras de todas las categorías pueden acceder con facilidad a cursos de formación para labrarse un futuro vinculadas al mundo del fútbol. Lamentablemente, perderemos en los próximos años a una larga generación de futbolistas que han dado todo por este deporte en el campo, pero queremos seguir disfrutando de sus conocimientos y experiencia. Ya hemos perdido a muchas jugadoras que, por estudios, trabajo, lesiones, o escasa salida, se han tenido que alejar del terreno de juego. También tenemos la referencia de entrenadoras como Jessica Rodríguez, Milagros Martínez o Natalia Astrain, que han tenido que buscarse la vida fuera de nuestro país. Sin duda, el cambio generacional y de roles parece evidente: en España se están dando más oportunidades que hace unos años, oportunidades merecidas: Iraia Iturregi acaba de ganar la liga del Grupo Norte de Reto Iberdrola dirigiendo al filial del Athletic Club. Maria Pry rechazó un tercera masculino el verano pasado y ha rozado los puestos Champions de Primera Iberdrola, se queda a cinco puntos con veintisiete por disputar. Montse Tomé entrenará a la Selección Promesas recién creada por la RFEF tras ser ayudante de Jorge Vilda en años pasados.

¿Tienen nuestras futbolistas un buen futuro dentro de puestos técnicos, administrativos y de gobernabilidad? ¿Es fácil para una ex jugadora acceder a este tipo de puestos? ¿Se han dado cuenta por fin los clubes tradicionales de la necesidad de que sean mujeres las que tomen los mandos del fútbol femenino? ¿Tenía razón la FIFA cuando incidió en la necesidad de aumentar la cuota de mujeres para encontrar soluciones a problemas en los que ellos no encontraban respuesta?:

Un mayor equilibrio entre los sexos conducirá por sí mismo a nuevas mejoras en aspectos fundamentales de la gobernabilidad del fútbol, puesto que creará un entorno para la toma de decisiones mejor y más diverso y una cultura menos proclive a la corrupción. La FIFA necesita urgentemente ambos.

La exjugadora de la Real Sociedad, Aintzane Encinas, es una de esas mujeres que ha pasado a ser imagen de un organizador como LaLiga y, desde hace cuatro años dirige Gaben Club, una institución dirigida por especialistas de la educación y la organización de eventos deportivos que pretende fomentar en Donostia y la provincia de Guipúzcoa los valores de la práctica deportiva y su promoción como instrumento educativo capaz de contribuir al desarrollo integral de la personalidad de quienes lo practican.

Aintzane Encinas

Su decisión de seguir vinculada al fútbol femenino tras la retirada se produjo durante su carrera deportiva. Se licenció en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y fue sacando los títulos de entrenadora, compaginándolo con ser delantera de la Real Sociedad. "Siempre tuve en mente la idea de entrenar, dejar el fútbol y formar mi propio club o mi propia empresa para organizar eventos deportivos". La Real Sociedad le dio la oportunidad de formarse como técnica en diferentes equipos. En aquel momento no existía el filial, que ahora entrena y que fue creado a posteriori, en un proceso en el que tomó parte activa.
 
"Me apasiona la formación, para mí es una cuestión prioritaria. Creo que el deporte debe estar al servicio de la formación en valores. En Euskadi el fútbol base lleva muchos años teniendo una estructura muy trabajada, la mayoría de los clubes invierten en formación a edad temprana y hay una continuidad desde infantil o alevín a edad senior en ese aspecto, con mucho trabajo de cantera".

Otras provincias españolas carecen de ese trabajo de base y nos encontramos un primer peldaño de fútbol femenino en ligas regionales en las que comparten vestuario niñas en edad cadete o juvenil con jugadoras senior. "En mi época como jugadora también ocurría esto. Pasábamos de aquella categoría que llamaban “fútbol playa” a regional. Para formar estas estructuras de base habría que aumentar el número de licencias. Hay que dar más valor a que las niñas compitan en edades más tempranas. Tenemos que conseguir que haya más jugadoras, y esto depende mucho de los clubes: dar las mismas ayudas, poner el mismo empeño y cariño en sacar adelante los proyectos deportivos que se pone en los equipos masculinos que en los femeninos para mantener la estructura desde la base".

La carrera profesional de Aintzane viene marcada por dos proyectos distintos: el que tiene como entrenadora de la Real Sociedad B y su marca como emprendedora, Gaben Club. "No solo me gusta entrenar, también la gestión deportiva. Tal vez por ahí es donde más me guste seguir haciendo cosas. La vinculación vocacional es la misma: cuando decidí terminar mi carrera deportiva, esa pequeña ruptura fue difícil. Muchas jugadoras que vivimos el fútbol con pasión tenemos siempre esa vocación de seguir vinculadas a él y buscando un cambio, y en estos momentos se nos da la oportunidad de liderar, de gestionar, dirigir o formar a las demás y debemos aprovecharla. Cuando una niña te elige como referente, como jugadora, coordinadora, gestora o como entrenadora le abres un camino más. No podemos dejar de abrir puertas para ellas. Llegará un momento en que haya más entrenadoras en primera divisió o que haya más mujeres dirigiendo clubes".

"Es imprescindible que haya mujeres en puestos de decisión. Muchas veces se nos limita a la hora de acceder a esos puestos de liderazgo y gestión, por eso, hasta ahora, no hemos visto a tantas mujeres en puestos directivos. Muchas ex futbolistas no veían clara esa salida profesional y se han dedicado a otros asuntos, tal vez porque no se les daba la oportunidad de formarse y acceder a un puesto. Ahora, por suerte, es distinto. Tenemos esa posibilidad. Y siempre es bueno que quienes conocemos de primera mano el fútbol femenino acabemos cogiendo los mandos y dirigiendo un cambio desde dentro"

Aintzane ocupa, además, el banquillo de la Real Sociedad B. Actualmente, pese a la sugerencia de UEFA de equiparar el nivel de formación de la Primera Iberdrola con el de su homóloga masculina, según el artículo 155 del Reglamento General de la RFEF, para entrenar en la máxima categoría del fútbol femenino español solo es necesaria la licencia UEFA A, Diploma avanzado de entrenador. Un título que en el fútbol masculino solo sirve para Liga Nacional Juvenil y Segunda B de fútbol sala. En la Primera Iberdrola pocas son las mujeres que han tenido la oportunidad de demostrar su valía a los mandos de un equipo. Esta temporada, Irene Ferreras dirigió al Valencia durante seis meses. La entrenadora madrileña venía de una buena campaña con el Rayo Vallecano en la que había sido la entrenadora revelación de la temporada. 

Irene Ferreras

En el caso de Ferreras, la obligación de colgar los guantes vino marcada por una grave lesión de espalda. Ya en sus últimos años como jugadora se formó para entrenar equipos de fútbol base, y, con el paso del tiempo y tras la retirada, le llegó la oportunidad de ocupar banquillos de mayor calado, así hasta el aterrizaje en Primera Iberdrola, donde fue una de las pioneras en cuanto a exjugadoras dirigiendo equipos. "Fue sobre todo en esos últimos años, conviviendo con la lesión, cuando empecé a interesarme más por el aspecto técnico. Me gustaba saber el por qué de los entrenamientos, por qué se tomaban ciertos planteamientos y no otros… y así fui sacando los cursos de entrenadora. Sabía que cuando lo dejara iba a seguir vinculada al fútbol, no tuve ninguna duda en ese aspecto. Lo que no sabía era que en tan pocos años iba a poder tocar la élite del fútbol femenino".
 
Ese escalón a la élite vino después de dirigir al Olímpico de Madrid y al filial del Rayo Vallecano. La salida de Miguel Ángel Quejigo precipitó su escalada al primer equipo. De ahí, una oferta a dirigir el Valencia Féminas. "Aceptar un banquillo de Primera Iberdola suponía una gran responsabilidad. Como jugadora no tuve la suerte de consagrarme en Primera División por múltiples causas, y el hecho de compartir generación con muchas de esas jugadoras me ha hecho poder compartir no solo vestuario, también realidad. Asumir el reto ilusiona tremendamente, es un sueño cumplido, pero por otro lado está ese peso de querer estar siempre a la altura. Una vez dentro, te das cuenta de que en ese contexto profesional se va a evaluar el rendimiento y los resultados, pero en el día a día no dista mucho de lo que venía haciendo años atrás. Hay que dedicarle mucho más tiempo, preparar mucho más los partidos, pero a pesar de ese miedo, solo tienes que transmitir lo que sabes y te olvidas de ese respeto que da el reto al principio".

Ser una de las pioneras como entrenadoras en Primera Iberdrola –esta temporada solo hemos tenido la posibilidad de ver en un banquillo de la máxima división española a Maria Pry y a Irene Ferreras- supone también la consecuencia de convertirse en referentes para el resto de jugadoras, en una temporada en la que el foco mediático ha magnificado la competición. "He empezado a ser consciente de esto hace relativamente poco. Nunca le había dado la importancia que le doy ahora mismo. De algún modo, nos hemos convertido en esa persona en la que algunas entrenadoras se fijan, no para aprender tal vez, pero sí para pensar “¿Si ella lo ha podido hacer, por qué no voy a poder hacerlo yo?”. La gente valora mucho que nos hayan dado la oportunidad, por mucho que estemos preparadas o capacitadas, pasar a ser la líder de un equipo genera un cambio a nivel social muy grande. Supone un cambio que con el tiempo pasará a ser más habitual".

El techo de césped también salía señalado en el informe FIFA de 2015 como un tabú a romper en el fútbol femenino en los próximos años. Es necesario que mujeres ocupen puestos de dirección a nivel técnico para poder entender mejor el funcionamiento del fútbol femenino desde dentro, y para proporcionar una estabilidad a nivel competitivo en la que los equipos se nutran de sus propias profesionales para conseguir objetivos deportivos. Era necesario romper la brecha de acceso a la formación y también a los puestos de responsabilidad. "En poco tiempo vamos a ver a muchas más mujeres como entrenadoras de equipos de élite. Todo este proceso coincide con un momento óptimo para el crecimiento del fútbol femenino. Cuando era jugadora no veía esto como una opción para ganar dinero, sabía del mundo del que venía y que para poder vivir del fútbol o tenía la suerte de entrenar a uno de los equipos de primera línea de Primera División o tenía que hacer muchas más cosas para poder salir adelante. En el fútbol femenino hemos dependido durante mucho tiempo de personas que hacían esto de forma altruista, porque les hacía felices. Pero llega un momento en el que todo se está profesionalizando. Tenemos un futuro esperanzador a nivel económico con el que nos podemos dedicar 100% a esto, y eso va a animar a muchas jugadoras a tomar parte en otro tipo de cargos dentro del fútbol". 

Pero la máxima categoría es solo una pequeña realidad del fútbol femenino. Por debajo tenemos, no solo Reto Iberdrola y Primera Nacional, también ligas regionales y cada vez más equipos de base que miran al futuro para asegurar décadas de este deporte. La inversión en fútbol femenino pasa por dotar de medios técnicos a la altura del reto propuesto de convertir a nuestro país en una potencia mundial. "Lo importante está ahí, en la base. La Primera División se profesionalizará antes o después, pero el foco tiene que estar abajo. Los clubes tienen que darse cuenta del valor de futuro. Las jugadoras que llegan al primer equipo tienen que tener un ambiente enriquecedor en su totalidad, a nivel formativo, de tiempo de práctica, competencia… Eso hasta ahora nos ha faltado. El punto de partida tiene que ser este, y hay que explotarlo. Tenemos que ser inteligentes y ver que el valor está ahí, invertir en ello porque será positivo a medio o largo plazo. Y eso empieza por dar buenos profesionales a los banquillos de base. Hay que preocuparse por los técnicos que ponemos en esas categorías, el esfuerzo, la estructura, los procesos metodológicos para que las jugadoras exploten sus competencias dentro del ambiente futbolístico. Y ahí hay un margen de mejora muy grande". 

La meta de todo entrenador ha de ser, indiscutiblemente, dirigir a la Selección Nacional de su país. Las categorías inferiores de la Selección Española fueron dirigidas durante cuatro temporadas por Toña Is. El palmarés de la exjugadora asturiana como entrenadora es envidiable: un Mundial Sub17, un bronce también en la Copa Mundial, dos SubCampeonatos y un posterior Campeonato Europeo y nominada por la FIFA al premio The Best 2019 a mejor entrenador de fútbol femenino. Fue la primera mujer seleccionadora de nuestro combinado nacional.

Toña Is

Toña tuvo que finalizar su etapa como futbolista por un problema familiar. Su carrera como futbolista también lleva metal: la medalla de bronce en la Eurocopa de 1997, disputada en Suecia y Noruega. Pensó en hacerse árbitro para seguir ligada al fútbol, pero aquello no era lo suyo. Se formó como entrenadora hasta alcanzar el nivel UEFA-Pro en una promoción en la que fue la única mujer de los 38 entrenadores que accedieron al título, y accedió también al programa FIFA de Desarrollo del Liderazgo Femenino, puesto en marcha después de la ya citada Comisión de Reformas. Richard, seleccionador asturiano, le dio la oportunidad de formar parte de su cuerpo técnico como ayudante y después la de dirigir la selección asturiana sub16 y sub12, con la que fue campeona de España.

"Era un grupo increíble de jugadoras. Tenían todo lo que me gusta en un vestuario, eran una piña y tenían muchísimo talento. Fue un honor poder entrenar un grupo así. Después, cuando llegué a las categorías inferiores de la Selección Española, también tuve un vestuario increíble: Patri Guijarro, Aitana Bonmatí, Lucía… son una generación de oro. Cuando ganamos el Campeonato Europeo, en Islandia, ya se veía que eran un grupo distinto. Y después, poder seguir trabajando con la Sub17 y dirigir a otra generación increíble de jugadoras, la que nos dio el primer Mundial femenino, con Eva Navarro, Claudia Pina, Salma…".

Toña Is considera que un entrenador no debe ponerse techo. Tuvo muchos sueños como futbolista que ha visto cumplirse después de colgar las botas y que le hubiera gustado vivir de corto. No fue una época fácil en la que a ella le tocó jugar. Después, como entrenadora, en su corta experiencia, ha conseguido cosas que están al alcance de muy pocos. "Que se reconozca tu trabajo y te nominen junto a nueve entrenadoras y entrenadores de todo el mundo es un éxito, pero no considero que tenga que ponerme un techo ahí, igual que no voy a renunciar a volver a entrenar a la Selección algún día, o a tomar el mando en algún equipo de Primera Iberdrola. Quiero seguir creciendo, cosechando, trabajando. Un entrenador siempre tiene que ir a más, no puede conformarse con un buen resultado, tiene que buscar siempre el excelente".

El trabajo de seleccionador permite tener acceso a jugadoras con un talento incuestionable, formadas en su club de origen, y darles un sentido de equipo y unos objetivos atractivos. Las medallas conseguidas lo atestiguan, para eso, tiene que acoplarse con rapidez al grupo, hacerlo suyo, dirigirlo con mano derecha. "Creo que mi punto fuerte es el manejo de vestuario. Al final, he jugado más de diez temporadas en la máxima categoría y he vestido cuarenta y tres veces la camiseta de la selección española, sé lo que es esto, lo que tiene que significar para las jugadoras, y es mucho más fácil transmitirlo. No digo que otros no sepan, pero siempre es más fácil transmitir lo que conoces y entiendes desde dentro. Todos los éxitos deportivos que ha habido en la Selección Española, Del Bosque, Aragonés, Iñaki Sáez… todos han sido grandes gestores de vestuario, todos han sabido transmitir ese sentido de pertenencia, de querer hacer cosas grandes. Eso es fundamental para llegar a objetivos, tener un grupo que sepa entender lo que quiere el seleccionador, y un seleccionador que sepa entender al grupo". 

Yoli Chamorro se formó como jugadora en el mismo barrio ovetense que Toña Is: en el Oviedo Moderno. La leonesa llegó allí con 17 años tras su paso por el León Femenino, y, con la obligación de colgar las botas cuando el club ovetense dejó de contar con ella pese a estar recuperada de la depresión que la había alejado del campo, optó por formarse como entrenadora, con el carnet UEFA A, y aprovechar su Grado en Derecho para especializarse en gestión deportiva. Como muchas jugadoras que han pasado por años de barro y brega, no podía dar la espalda al campo sin más al finalizar su etapa deportiva, y quiso seguir cambiando las cosas. 

Yoli Chamorro

Hay muchas cosas que deben cambiar. "Tenemos que seguir avanzando y profesionalizando todo. Hay parcelas dentro de un club que no se han reforzado en el fútbol femenino, como la secretaría técnica o la gestión deportiva. Para mí, la posibilidad de crear un proyecto que garantice que todo es profesional, con la limitación que sabemos que tiene el femenino, es fundamental. Necesitamos trabajar una metodología que funcione en los clubes y que permita que las diversas ligas funcionen a su vez, que todo sea lo más profesional posible tanto a nivel particular como general. Siempre se pone el foco en las jugadoras, pero en los despachos también hay que intentar que todo sea acorde con el momento. Si estamos decididos a profesionalizar, no puede haber ni un aspecto administrativo o de dirección que no sea profesional".

Impulsar el fútbol femenino es una tarea de todos, y, dado el momento actual, en el que muchas jugadoras deben apartarse del campo, Yoli considera que puede ser una gran oportunidad para tomar el mando. "Me sorprende que haya tan pocas exjugadoras formándose para cambiar las cosas desde otro punto de vista. Ahora tenemos acceso a los cursos, a los puestos de los clubes. Es un gran momento para dar un paso adelante. Tenemos esa explosión del fútbol femenino, el crecimiento de aficionados, hemos llenado estadios, estamos presentes en los medios… hay que seguir avanzando".
 
Ese despegue definitivo del fútbol femenino pasa por incluir al espectador y convertirlo en aficionado. Para Yoli Chamorro, ese resultado tiene que ser una consecuencia directa del buen trabajo dentro de la gestión de un club: "conseguir formar un proyecto con el que la gente se identifique y lo defienda. No solo con resultados, también con valores. Ese es un proyecto largo, a medio plazo tal vez, no pasa de un día para otro, pero es a lo que debemos aspirar siempre desde la dirección deportiva hasta la base". Porque la base, las niñas en edad de formación, son la otra parte del proyecto en el que debe centrar los esfuerzos un director deportivo. "Hay que conseguir que el club sea una casa. Que las niñas quieran crecer y formarse en él. Si pensamos en futuro, esto es fundamental. Que las niñas que empiezan a jugar a fútbol tomen de espejo a las mayores, que sus referentes estén en el propio club, es un trabajo que tiene que ir marcado por una metodología de trabajo que les haga creer que es posible".

Tenemos por delante unos años de oro para el fútbol femenino. El crecimiento exponencial de los aficionados, la profesionalización de los clubes y el talento indiscutible de las jugadoras más jóvenes, que ya han sido formadas con medios y profesionales de alto nivel, deben ser la piedra angular de un proyecto de valor que, hoy más que nunca, puede ser dirigido por mujeres. Una generación de ex futbolistas han decidido dar el paso, formarse y posicionarse como fuerza de cambio en un deporte que las necesita. No es fácil dejar lo que te ha hecho feliz durante años. Cuando el fútbol es tu pasión y ha sido tu vida, abandonarlo, y más cuando crees que aún puede cambiar, aún puede mejorar y tú puedes formar parte de esa revolución, no es una opción. Sí lo son todos y cada uno de los puestos técnicos, administrativos o de gobernabilidad que la FIFA sugiere que deberían ocupar más mujeres. El fútbol no se termina cuando el árbitro pita, igual que no se termina cuando cierras por última vez la puerta del vestuario. Hay vida después del fútbol, en el fútbol.
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