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Querido fútbol: el VAR

OPINIÓN
27/03/2021 | Andrea Menéndez Faya
Vengo a aguarles la fiesta. Mientras ustedes celebran la Liga Ellas, yo estoy pegada a la pantalla esperando a ver qué dice el VAR.
Querido fútbol: el VAR
BBC
En el nuevo fútbol, ese que aún no nos toca vivir pero al que aspiramos a entrar, hay una liturgia nerviosa y repleta de ansiedad que se lleva la atención del respetable. Se la lleva sin el menor tipo de reparo, convirtiendo un gol en un show mucho más allá del pase que lo precede o del control que lo haga posible. Sí, hablo del VAR. Ese por el que claman jugadoras, técnicos y algunos aficionados pero yo no echo de menos. El VAR tiene la capacidad de transformar una alegría en un disgusto, y viceversa. Transforma a base de escuadra y cartabón una permanencia en descenso y un campeonato en un puesto de segundón. Y peor aún: el VAR es eso por lo que alguno sale corriendo del otro bar a gritarle a sus amigos que salgan de la fuente del pueblo, que no hay nada que celebrar. Mucho me temo que soy el que sale corriendo. Ahora me explico. 

Mientras ustedes celebran el anuncio del Consejo Superior de Deportes de la oficialización de la oficialidad del oficialamiento de la liga profesional femenina, yo veo al árbitro hacer un recuadro con sus manos y comprobar la jugada. En la pantalla veo a dos mujeres en plena carrera política, una que anuncia que se va y otra que se queda pero respalda a la que se va. Veo clubes invitados la noche antes en una improvisación total, y veo ausencias. Los sindicatos AFE y CCOO que han levantado la voz, los otros sindicatos, Futbolistas ON y UGT ausentes ya hace rato, la Asociación de Clubes de Fútbol Femenino, que no suele perder comba, y dos ausencias más significativas aún:

Anunciar una liga profesional que se estructurará a través de un convenio de la Real Federación Española de Fútbol y la liga gestora resultante de la unión de 16 clubes, con los 16 clubes pero sin la RFEF, suena raro. El silencio de la banda del logo, que siempre que calla es para mal, suena peor aún. ¿Fue invitada la RFEF? Si lo fue, ¿por qué no estaba? Si no lo estaba, ¿por qué? Serán los palos en el lomo de tantas aventuras pasadas, pero una siempre debe esperar el as en la manga de una institución que se sabe por encima de todo y que siempre tiene algo con lo que sorprender. La marcha de Lozano es la peor noticia que pudo recibir el fútbol femenino, porque, al igual que Rienda primero, estorbaba. Y cuando alguien estorba a nosotros -porculeros de pro- nos viene bien. Pero cuando el que estorba se aparta, siempre ganan los mismos. Irene Lozano era la china en el zapato de Rubiales, la que le obligó a portarse bien con Tebas y a Tebas con él, la que le quería quitar el juguete ahora que funcionaba a pleno rendimiento. Venga Pepu o venga quien venga, no será Lozano. Y de poco vale Carmen Calvo para asegurarnos la escalada. 

La presencia de Carmen Calvo, que algunos intuyen como garantía del proceso institucional que llevará a cabo la profesionalización, a mi me quema también. Podías escenificar el compromiso de Gobierno teniendo en este acto a parte fundamental del Gobierno, con, yo qué sé, una Ministra de Igualdad, pero no. Y eso que Ministerio de Igualdad y CSD han tenido una mesa de trabajo para hablar de la profesionalización de la liga femenina. Pero ves la foto, y solo ves un color. En plena campaña electoral por Madrid. El fútbol femenino, que hace apenas un año unió a todos los partidos políticos de este país sin excepción en un único propósito, escenifica una ruptura cuajada de forma express en la que se aparta a un Ministerio de Igualdad para decirle a las futbolistas: lo suyo va solo por la ventanilla del PSOE, señoras. Pura escenografía. Si esto fuera un acto institucional como lo fue el del Convenio, estarían todos. Pero era un acto de despedida y un "ya te riego yo las plantas" que no lleva a nada más que a una promesa que solo el tiempo dirá si venía vacía. A tres meses de la catalogación de la Primera Iberdrola -Liga Ellas- como profesional, la realidad es que solo tenemos esbozos en una servilleta, que ahora se va quien iba a firmarla, y que se quiere mostrar al mundo una solidez que, en realidad, se tambalea bastante. El acto contentó a muchos, pero enfadó a unos cuantos. De eso no se habla. Pero siempre hay que hablar de las ausencias. 

Entiendo el disgusto. Cuando veo un gol, también lo celebro. Pero es que en mis años de banquillo aprendí a mirar de reojo al linier antes del remate y ahora soy la triste que no levanta los brazos para celebrar antes de tiempo. Yo espero al cuadradito con las manos del árbitro, y el árbitro está revisando la jugada. Quiero creer, créanme. Quiero ser la próxima que se levante y se vaya a la fuente con los colegas. Pero me quedaré en la puerta del bar hasta ver qué hace la RFEF, y aún después, cuando se acabe la campaña electoral. Espérenme, por si acaso, con un "te lo dije", que será bien recibido. 
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