Querido fútbol: mañana de reinas

OPINIÓN
06/01/2021 | Andrea Menéndez Faya
El caprichoso y para nada amañado sorteo del calendario quiso que esta fuera una jornada histórica para la apertura de muchos estadios españoles al fútbol femenino. Solo abrirá uno: el Camp Nou
Querido fútbol: mañana de reinas
Nike

Lo que les voy a contar ocurrió hace ya algunos años. Era la tarde de la Noche de Reyes, un día por semana, de esos en los que nada importa más que la compra de regalos de última hora, las pilas que siempre hacen falta, y que los niños estén abrigados para la Cabalgata. Mi hermana trabajaba hasta tarde,  mi madre –como decía antes- estaba con las compras de última hora, el teléfono sonó y me pidieron que llevara a Pedro a la Cabalgata. Pasé a recogerlo al poco rato, y, en un alarde de tía perfecta, me dio por llevarlo a la de Oviedo en vez de a la de nuestro pueblo.


Aparcamos el coche en el parking del centro comercial que hay a la entrada. Subimos andando por la Avenida de Pumarín hasta General Elorza. Cruzamos en el paso de peatones de Salesas y, aunque el crío ya no tenía edad para cruzar de la mano, cruzamos de la mano el paso de peatones. Entramos en el Centro Comercial, nos cruzamos un montón de familias, de niños enfundados en gorra y bufanda que se cruzaban con otras familias que llevaban paquetes envueltos sin sospechar nada. Salimos, y a la altura de la calle 9 de mayo, se paró. Me miró fijamente y me dijo que ya no creía en los Reyes Magos. Así de duro, así de simple, así de cruel. Yo me quedé mirándole fijamente y le expliqué que, aunque no creyera, estábamos ya en Oviedo, nos habíamos cruzado media ciudad, y la Cabalgata estaba a punto de pasar. Y vaya que si íbamos a ir a la Cabalgata.


-Podemos ir al Tartiere –dijo.


La Noche de Reyes es para hacer felices a los niños, y poco más. Cogí al crío de la mano, caminamos toda la Avenida de Santander, giramos mirando al edificio de la cometa, subimos a contracorriente de la gente que bajaba a la Plaza América a ver a Melchor, Gaspar y Baltasar, y, llegados al Tartiere, se sentó en la escalera y se quedó allí un buen rato, quieto, mirándolo, con el ruido de la multitud lejano como un susurro. 


Esta mañana de Reyes, quiso el goloso e impredecible sorteo del calendario que fuera la de los derbis. Nadie pensó, cuando por azar salió designada esta jornada como la de los derbis, que seguiríamos en pandemia. No vamos a ahora, en un día festivo, a reprochar la falta de previsión de una Federación que ha pasado por la covid como el que salta a la comba, de jaleo en jaleo, de brinco en brinco, y un poco a la improvisada. Era un Boxing Day perfecto. Los estadios se abrirían y se llenarían para ver a nuestras futbolistas cumplir sueños. Se abre el Camp Nou en un rato, por primera vez en cincuenta años para las nuestras. Se juegan el resto de derbis, también a puerta cerrada, en ciudades deportivas dispares. Les han  robado a las niñas y a las adultas la ilusión de una mañana de abrir regalos en forma de fecha histórica para el fútbol femenino español. Habrá más, seguro. Y estaremos en la grada para celebrarlas.


Esta mañana, al buscar una foto para ilustrar el tweet que anunciara la apertura del Camp Nou, me encontré la que encabeza este artículo y que pertenece a una campaña de Nike en la que se apuesta fuerte porque las mujeres futbolistas tomen el protagonismo en grandes citas y grandes estadios. El primer gol del FC Barcelona Femení en el Camp Nou, que tanto se ha cabalado esta semana, ya lleva su firma en ese día, y a cien metros. Lógicamente, se espera al de hoy. En el fotograma del video de la campaña se ve a Alexia sentada mirando su jardín, pensando en a saber qué, en las veces que recibió al equipo, en las veces que celebró un gol en esa grada, en qué será marcarlo ahí abajo, en cómo sonará el ensordecedor grito de su nombre en 85 mil gargantas, en qué se sentirá al levantar una copa en ese círculo de cal vacío. Y recordé a Pedro en la escalera del Tartiere, pensando quién sabe qué, con la ilusión rota por la goma de una barba de Melchor, pero con la presente de su estadio del alma a sus pies. Pedro nunca jugará en el Tartiere –a estas alturas ya me rindo- pero las niñas que sueñan con jugar en el Barça están muy cerca de que esto que hoy pasa se convierta en una tradición. Ojalá no sea un espejismo.

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