Espanyol femenino, Deportivo ABANCA femenino o DUX Logroño femenino han logrado regresar a la élite, mientras que otros como Rayo Vallecano femenino o Santa Teresa femenino han vivido trayectorias mucho más complicadas tras su caída
El descenso nunca es un punto final uniforme. En el fútbol femenino español, dejar atrás la
Liga F ha significado cosas muy distintas según el contexto de cada club. Para algunos ha sido una
pausa para reconstruirse; para otros, el
inicio de una travesía incierta. Mirar atrás en las últimas temporadas permite entender cómo ese mismo punto de partida ha dado lugar a historias completamente diferentes.
2020-21: el descenso múltiple que marcó varios destinos
El paso de los años ha devuelto a tres de ellos a la élite. El conjunto gallego fue de los primeros en reaccionar, regresando en la
temporada 2023-24 tras firmar una campaña muy sólida. Ese mismo curso también logró volver el Espanyol femenino, a través del playoff, superando al
Osasuna femenino en una eliminatoria exigente. Más reciente es el caso del DUX Logroño femenino, que culminó su regreso en la temporada 2024-25 tras imponerse al
Cacereño femenino en la fase de ascenso.
Pero no todos encontraron esa segunda oportunidad. El Santa Teresa femenino representa la cara más dura del descenso. Tras perder la categoría, el club encadenó dificultades deportivas y económicas hasta que en la temporada 2022-23 fue expulsado de la competición por incomparecencias. Poco después anunció su desaparición, cerrando una historia de 25 años en el fútbol femenino español.
2021-22: del peso de la historia a la reacción inmediata
Un año después, el descenso volvió a golpear con fuerza, especialmente en el caso del
Rayo Vallecano femenino. Su caída en 2022
puso fin a 19 temporadas consecutivas en la élite, un recorrido histórico que contrasta con su situación actual. Desde entonces, el equipo no ha logrado estabilizarse y ha seguido descendiendo categorías, compitiendo ahora en
Segunda Federación con la amenaza de una nueva caída.
En paralelo, el
Eibar femenino vivió una realidad completamente opuesta. Tras descender esa misma temporada, el equipo reaccionó con rapidez y logró el ascenso directo en la campaña 2022-23. Desde entonces ha conseguido asentarse en Liga F, encadenando varias temporadas en la categoría y acercándose a un nuevo objetivo de permanencia. Dos ejemplos que muestran cómo la respuesta tras el descenso puede marcar el futuro inmediato de un club.
2022-23: la persistencia como punto de partida
La temporada 2022-23 dejó una de las despedidas más ajustadas, con
Deportivo Alavés femenino y
Alhama El Pozo femenino cayendo en la última jornada tras un empate entre ambos. Desde entonces, sus trayectorias han estado marcadas por la lucha constante por regresar.
El Alhama El Pozo femenino logró dar el paso antes, recuperando su sitio en la élite tras imponerse en la pelea por el ascenso. Su presente vuelve a estar ligado a la supervivencia, compitiendo por mantenerse en Liga F en una batalla muy igualada. Por su parte, el conjunto babazorro ha rozado ese objetivo en varias ocasiones. Después de quedarse cerca el curso pasado, en la presente temporada se encuentra
bien posicionado para lograr el ascenso directo, reflejando una progresión sostenida desde su descenso.
2023-24: aprender a competir desde abajo
El descenso del
Sporting de Huelva femenino y
Villarreal femenino en la temporada 2023-24 abrió un nuevo capítulo para ambos clubes. El equipo onubense cerró una campaña muy complicada, mientras que el conjunto de castellón ponía fin a una etapa breve pero significativa en la máxima categoría.
En su regreso a Primera Federación, el Villarreal femenino tuvo que adaptarse a un contexto diferente. Su primer año fue exigente, pero esa experiencia parece haber servido como base para el presente curso en el que se han instalado en posiciones de playoffs. Mientras, el Sporting de Huelva pelea por regresar a Primera Federación después de caer hasta la categoría de bronce.
2024-25: el desafío de volver a empezar
Los descensos más recientes fueron los de
Valencia femenino y
Real Betis femenino, reflejan también esa dualidad tras perder la categoría. Ambos equipos cerraron etapas largas en Liga F, pero su respuesta en la temporada siguiente ha sido muy distinta.
Las de Mikel Crespo han encontrado cierta estabilidad en la zona alta de la clasificación, manteniéndose en puestos de playoff y con opciones claras de pelear por el ascenso. Su trayectoria apunta a un regreso rápido si logra mantener la regularidad en el tramo final. En cambio, el conjunto bético ha vivido un curso más irregular, moviéndose en la zona baja y centrado en asegurar la permanencia antes de pensar en objetivos mayores.
El recorrido de estos equipos demuestra que el descenso no define por sí solo el futuro. Más bien abre un nuevo escenario donde cada club escribe su propia historia. Algunas terminan en regreso, otras en procesos de reconstrucción más largos. Pero todas comparten un mismo punto de partida: la necesidad de reinventarse para seguir compitiendo.