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El Real Sporting de Gijón y su proyecto express en Reto Iberdrola

SEGUNDA FEDERACIÓN
05/12/2019 | Andrea Menendez Faya
La sección femenina del Real Sporting de Gijón se reformó para creer en un proyecto a medio-largo plazo, pero su precipitado ascenso a Reto Iberdrola desbarajustó los planes.
El Real Sporting de Gijón y su proyecto express en Reto Iberdrola
Real Sporting de Gijón
El 20 de julio de este mismo año, el Matamá, que había conseguido el ascenso a Reto Iberdrola al quedar quinto del Grupo I de Segunda División Nacional, renunciaba a su plaza. Atrás quedaban duras negociaciones con el Celta de Vigo para que amparara un proyecto ambicioso que una Sociedad Recreativa no se podía permitir económicamente. No salió. La plaza, de adscripción voluntaria por ser categoría de nueva creación, volvía a estar en el aire a días de empezar la pretemporada. A ella aspiraban principalmente dos equipos, el Espanyol B y el Real Sporting de Gijón. Se la llevó este último al tener mejor baremo de puntuación en el concurso por haberse enfrentado al Matamá en competición directa. 

Arrancaba entonces para las asturianas una temporada diseñada y ejecutada en tiempo récord. No solo el primer equipo se vio de repente en una categoría superior sin haber planificado a tiempo, el Matamá también se vería obligado a renunciar a su plaza en Primera Nacional por la marcha de sus jugadoras que se sentían engañadas por su directiva. Muchas de ellas recalarían en el Viajes Interrías. De este modo, el filial del Sporting de Gijón lograría también el ascenso a Primera Nacional que de facto le correspondía como campeonas de la Liga Regional 2018/19 y que, en primera instancia, se le había otorgado al segundo clasificado con la vana excusa por parte de la Federación Asturiana de que a esas alturas no se podía cambiar ya. Subirían, finalmente, ambos filiales: el del Oviedo Moderno y las rojiblancas, igual que sus primeros equipos a Reto. 

Los rivales del Sporting de Gijón en ambas categorías se habían reforzado con jugadoras extranjeras, descendidas de Primera Iberdrola o pertenecientes a equipos fuertes de Reto Norte y Sur. El club gijonés tiró entonces de una filosofía que les acompaña desde hace ya tres temporadas: usar a gente de la casa. Filosofía de cantera, de Mareo, de una de las mejores canteras de España, aplicada ahora –por fin- al fútbol femenino. Aún así, lograron algún fichaje de última hora, como el caso de de Pipa, exTacón, la internacional ecuatoriana Mayra Olivera, Keymer o una Fran Moroso que abandonaba la disciplina rojiblanca hace cuatro jornadas por graves problemas familiares. 
Siete jugadoras del primer equipo rojiblanco que el año pasado tenían ficha del filial (Paula Madrazo, Lucía Ayuso, Alba Fernández, Yaiza, Noe Fernández –que ya contó en los planes de Riki Alonso la temporada pasada por su inmensa calidad pese a su juventud- y Erika Lombídez) y otras tres que salieron desde el banquillo (Nuria, Natalia Sobero y Alba) dieron la victoria por la mínima ante el eterno rival, el Oviedo Moderno, en el derbi que se disputó hace tres semanas en el siempre difícil campo de San Gregorio. Una victoria que supuso la primera suma de tres puntos a domicilio, un golpe moral y un cambio de dinámica en el fútbol asturiano. Se unía a la hegemonía de estas mismas jugadoras en la liga regional asturiana la pasada temporada donde no tuvieron rival. Representa la fuerza y capacidad de progresión de un bloque made in Mareo que tiene un proyecto lanzado a cinco años para hacerse con el control del fútbol femenino del norte de España

Pesan los números, la inexperiencia y juventud, y el Real Sporting figura como colista de Reto Norte. En Primera Nacional, un equipo que suplió las bajas con gente del regional C, se sitúa hoy por hoy en una meritoria octava posición. Encontramos en el filial a Lucía Hernández, Elena López, Lucía Granda, Andrea González, Claudia Martínez, Alma Casado y María Valdés, así como a Santiago Herrero, su entrenador. En la planificación inicial figuraban más nombres del C, que por la limitación de edad al mínimo de 15 años de la categoría no pudieron formar parte de la escuadra. 

En regional, el tercer equipo del Real Sporting tampoco deja de sorprender. Una liga dividida en dos grupos por la reciente aparición de nuevos equipos lo dejaba encuadrado en un bloque complicado, compitiendo con dos equipos diseñados para el ascenso, el Condal Femenino y el Navarro. La pasada jornada, las sportinguistas salieron al campo número 3 de Mareo con ocho infantiles de la temporada pasada y tres cadetes de segundo año: Carla Moolenar, Yaiza López, María González, Rosa Menéndez, Sara, Ana Álvarez, Andrea Sordo, Carla Vallina, Lucía Ocaña, Olaya Enrique (que acudió al último entrenamiento de la Selección Española Sub16 en Las Rozas) y Lucía Coz. Con este equipo aparentemente frágil, amarró los tres puntos frente a un conjunto avilesino con muchos años de fútbol en categorías superiores en las piernas. Mañana viernes se enfrentarán a un Condal que las teme. Tienen una media de edad de quince años y ya se han hecho respetar.

Mareo brinda a sus jugadoras los mismos recursos, personal y medios que a su sección masculina. La sección femenina fue creada en 1996 y años después pasó a llamarse Escuela de Fútbol de Mareo por un convenio publicitario con el Ayuntamiento de Gijón. El trabajo de Juan Luna al frente del único equipo femenino que vestía el escudo sportinguista fue clave para el crecimiento y la expansión actuales. Por aquellas filas pasaron jugadoras como Ana Gamundi, Vero Blanco, Candy Fernández, Anina, Roci, o la actual portera del Tacón Ana Valles, formando una leyenda de equipo peleón, muy difícil de vencer en su feudo y capaz de romper estadísticas a su favor durante casi dos décadas. La apuesta por el femenino es total desde que Alejandro Menéndez se hiciera cargo de la sección y creara las categorías base con el beneplácito y la consiguiente inversión económica del propietario del club, Javier Fernández, que reconoció en la pasada junta de accionistas que la sección, aunque hoy por hoy deficitaria, supone un monto de unos 280 mil euros a las arcas generales por el aumento de fichas y sueldos, cumpliendo la normativa RFEF en cuanto al alta de jugadoras profesionales en el primer equipo, que superan las cuatro obligatorias. El proyecto es ambicioso, pero paciente. Son conscientes de la dificultad añadida que supone la creación de la nueva competición, que el salto cualitativo de Regional a Reto de muchas de sus jugadoras parece un abismo, pero se trabaja con la necesidad de curtir a las jugadoras, de convertirlas en profesionales dentro y fuera del campo, crear lazos sólidos entre ellas y pensar a medio plazo. 

El fútbol es resultadista. El pasado fin de semana el Real Sporting de Gijón perdía por un abultado 5 a 0 en la Joan Gamper contra un FC Barcelona Femení B que dominó gran parte del encuentro. Las lágrimas de Yaiza, caminando tras su cambio por detrás de la portería defendida por Laura Coronado, reflejaban la frustración. Los gritos de ánimo por parte de la grada catalana ante aquella imagen, la justicia. En el terreno de juego del campo número 8 de la ciudad deportiva se había intentado dibujar el mismo fútbol, el mismo proyecto encuadrado en dos marcos distintos: el de un filial capaz de destrozar a cualquier rival, con jugadoras que tienen entidad suficiente para ser titulares en cualquier equipo de la zona media y baja de Primera Iberdrola, y el Sporting de Gijón, creado para una carrera a fondo y no un sprint. 

Tres categorías para tres equipos que miran al futuro. La plantilla de Reto Iberdrola tendrá que pelear una salvación que se antoja complicada y que se decidirá entre Pozuelo, Racing, Parquesol y ellas mismas. Si no se logra, su descenso supondrá también el del filial, que caerá a una liga regional donde la esperarán sus excompañeras del C. Ante esta hipótesis, el Real Sporting mantendrá el bloque salvo caza mayor de los rivales entre sus filas. Alejandro Menéndez, apoyado por los cuerpos técnicos de cada equipo, tendrá entonces que mostrar continuidad a un proyecto diseñado para ganar. Esperemos que el fútbol, ese caprichoso al que le gusta poner los números por delante de los sueños, sepa recompensarles.
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