De las incombustibles Nanclares, Nevado, Gavira y Villafañe a la rotación medida de Barcelona femenino y Real Madrid femenino: así se reparte el protagonismo en la primera vuelta de la Liga F
El reparto de minutos en la primera vuelta de la Liga F ofrece una radiografía precisa de los modelos competitivos de cada equipo. Desde futbolistas que lo han jugado absolutamente todo hasta plantillas donde la rotación ha sido clave para sostener el rendimiento en todas las competiciones, la gestión del esfuerzo se ha convertido en un factor tan decisivo como el talento en las primeras 15 jornadas.
Continuidad como punto de partida
El protagonismo de estas jugadoras responde en gran parte al peso competitivo que ejercen dentro del juego. Desde la portería, el lateral o el eje defensivo, su presencia constante ha servido para ordenar al equipo y marcar los ritmos en cada fase del partido. Ese mismo patrón se repite en
proyectos que han priorizado la estabilidad como base competitiva, con el
Madrid CFF femenino como ejemplo evidente. Más allá del liderazgo defensivo de Villafañe,
Javier Aguado ha construido su plan sobre un bloque reconocible, con
Ángela Sosa como eje creativo y una línea defensiva y de centro del campo con continuidad casi inalterable.
Una lógica similar se aprecia en el
Costa Adeje Tenerife femenino, donde la experiencia ha marcado el camino. Gavira ha vuelto a ser el punto de equilibrio de un equipo que ha concedido poco a la rotación y que ha confiado en un núcleo muy definido con
Natalia Ramos y
Aleksandra Zaremba para sostener su competitividad. El Athletic Club femenino, por su parte, ha encontrado en Nanclares y Nevado dos garantías absolutas, respaldadas por un grupo de futbolistas jóvenes que han asumido minutos de forma sostenida donde destaca
Daniela Agote.
En ese mismo contexto de continuidad se mueve el Eibar femenino, con
Carla Andrés como referencia defensiva prácticamente ininterrumpida y con
Eunate Astralaga asentada bajo palos. El
Deportivo Abanca femenino también ha apostado por una estructura reconocible, liderada por
Ainhoa Marín y un bloque que busca asegurar la continuidad de las gallegas en la primera división.
El peso de las piezas fijas
En un término medio se sitúa el
Atlético de Madrid femenino, donde
Silvia Lloris y
Lola Gallardo han concentrado el protagonismo en un equipo que ha alternado fases de rotación y continuidad. En el Levante femenino, la juventud de
Erika González simboliza una apuesta clara por el talento, mientras que la Real Sociedad femenino ha encontrado estabilidad a través de
Ainhoa Moraza,
Andreia Jacinto y
Paula Fernández, pilares del crecimiento txuri-urdin esta temporada.
Alhama El Pozo femenino y DUX Logroño femenino presentan un reparto de minutos más equilibrado que otros equipos. En el conjunto murciano, la participación se distribuye de forma coral, mientras que en el cuadro riojano cuenta con rotaciones constantes, con
Daiana Falfán y Mia Asenjo como las jugadoras con mayor continuidad.
La rotación como ventaja competitiva
El contraste final lo marcan FC Barcelona femenino y Real Madrid femenino. Los dos equipos que dominan la clasificación han optado por una gestión medida del esfuerzo, condicionada por la acumulación de competiciones y las lesiones. Ninguna de sus futbolistas supera los 1000 minutos. En el conjunto catalán, Cata Coll, Irene Paredes y Vicky López han sido las más utilizadas; en el equipo blanco, Athenea del Castillo lidera ese apartado por delante de Sara Däbritz y Eva Navarro.
La primera vuelta deja claro que los minutos no solo reflejan presencia sobre el césped, sino también jerarquías, contextos y modelos de gestión muy distintos. Entre la continuidad casi total y la rotación medida, cada equipo ha construido su camino en la Liga F. Un equilibrio que, en muchos casos, ayuda a entender no solo el rendimiento individual, sino también el lugar que cada club ocupa en la clasificación al llegar al ecuador de la temporada.